Las Marchas Lentas o Procesionales


Las Marchas Lentas o Procesionales son composiciones musicales utilizadas para acompañar los desfiles procesionales y que según su zona geográfica tiene un marcado estilo o carácter fijado principalmente por el compás, el ritmo, el tempo, la adaptación y adecuación al acto para el que ha sido concebida la obra, armonizar los cortejos procesionales.

Este peculiar género musical debe contar con una serie de requisitos de estructura y estilo o carácter; haciendo referencia  su estructura a la forma musical conocida como marcha, la cual consta de tema, desarrollo, trío y reexposición del tema, pudiendo en ocasiones contar con una introducción y una coda dependiendo del estilo de marcha procesional.

La música sacra goza de gran popularidad sobre todo en España, donde se puede diferenciar cuatro grandes estilos musicales como son las Bandas de Música, las Cornetas y Tambores, las Agrupaciones Musicales y las Capillas Musicales, así como en otros países como Italia, Malta, Portugal, Guatemala, Perú y muchos otros países donde sus Marchas Fúnebres forman parte del repertorio musical de las bandas procesionales de música.

Las Marchas Procesionales nacen en la segunda mitad del siglo XIX bajo el concepto de marcha fúnebre, como forma musical muy recurrida durante dicha centuria, albergada bajo la corriente estilista del Romanticismo y de la que surgieron grandes composiciones que posteriormente, y debido al escaso repertorio fueron adaptadas para su interpretación en las procesiones de Semana Santa por las primeras Bandas de Música.

Por este motivo pronto comenzaron a aparecer las primeras marchas fúnebres compuestas específicamente para cofradías y hermandades por lo que se considera a  José Antonio Cándido Gabaldá y Bel uno de los pioneros en componer expresamente música para la Semana Santa ya que entre sus marchas fúnebres, entre las que se encuentran composiciones como “El Llanto” o “Soledad”.

Poco a poco se fue ampliando el repertorio de Marchas Procesionales para Banda de Música pero su punto de inflexión llegaría al final del siglo XIX y que resultó verdaderamente prolífica con la composición de marchas como “El Señor de Pasión” de Ramón González Varela, “El Destierro” de Vicente Victoria Valls, “Pange Lingua” de Camilo Pérez Montlor, “Virgen del Valle”, compuesta por Vicente Gómez-Zarzuela Pérez o “Quinta Angustia” compuesta por José Font Marimont.

En Guatemala, Italia, Portugal, Perú o Malta las primeras composiones de marchas fúnebres fueron evolucionando a un estilo de corte europeo o incluso propio desde finales del siglo XIX a principios del siglo XX, con una gran cantidad de compositores nacionales que interpretaban las nuevas marchas en las celebraciones de Cuaresma y Semana Santa de cada país.

La música procesional fue evolucionando hasta el primer tercio del siglo XX donde se produce la aparición de las primeras marchas para bandas de cornetas y tambores de la mano del maestro Alberto Escámez López y que compuso marchas como "Consolación y Lágrimas", "La Expiración", "Virgen de la Paloma", "Virgen del Rocío" o la más famosa de ellas, "Cristo del Amor" y que dió paso a mediados del siglo XX a la aparición de las Agrupaciones Musicales de la mano de Manuel Rodríguez Ruiz.

Hoy día la música procesional goza de una gran salud, cada vez son más los nuevos compositores concienciados en innovar los cánones que durante tantos años han marcado la música sacra apareciendo nuevas composiciones con el objetivo de exprimir al máximo la capacidad técnica de las bandas de música, incluso agregando nuevos instrumentos a los distintos estilos rompiendo así los propios moldes ya preestablecidos.


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